Día 29

Hoy miro a las vías del tren. Haces que se me vaya esta tristeza, que tengo ahogada tan dentro de mí. Esta nostalgia eterna. Esta sensación de buscarme, esta necesidad de encontrarme, se ha hecho más pequeña desde que te tengo en mí. Me has hecho madurar aún más. De golpe. Sin yo quererlo. Así, de manera cruel. ¿Y no es así en muchas ocasiones el amor? Cuanto más aprendo, menos me gusta tener los pies en el suelo. Con el paso de los años, con la sabiduría que va otorgando la madurez, más ganas de volver a la infancia, de ser niña tengo. De pararme. Y respirar. No tengo miedo a envejecer. No tengo miedo a morir. Tengo miedo a esta falta de humanidad, que encuentro por los rincones. Tengo miedo de no poder quererte más. De no poder querer más. De no querer, desde su sentido más amplio, hasta el más específico, hasta el más nimio e innecesario. Pero te encontré. A veces quisiera haber podido huir de ese día, esa caricia, esa madrugada, en la que cupido clavó tu flecha en mí. Herida despiadada, que me hizo volver a ti, meses después. Volver para poder correr una vez más tus calles. Volver a las sonrisas entre tus adoquines y mis ruinas. Ojalá, nunca me llegue la hora de exhalar este suspiro que tengo guardado para ti. Ojalá te piense un poco cada día. Ojalá pueda vivirte y dormirme en ti, alguna vez más.

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Este obra cuyo autor es Noemí Quesada está bajo una licencia de Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional de Creative Commons.

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