Una vez fui de papel

Una vez fui de papel, y me sobrevolaban los cuervos.

Vi como llovía, de la tierra al cielo.

Sentí a un amor desaparecer en un chispazo, desde la última pelea hasta el primer beso.

Un día entendí, que quizás los malos no eran tan malos. Que tal vez eran buenos, pero muy necios. Un día entendí que quizás, yo por despiste o por pura imprudencia, maté a Cupido, y lo atraganté con tanta fantasía.

Decidí quedarme siempre en el instante en el que me saboreaba plena. Desde entonces he perdido el norte, el sur y la locura. Viviendo en un permanente martes por la tarde. Todo era más fácil, cuando la felicidad, era un batido de fresa.

Escucho en bucle, las mismas dos nanas que nunca me cantó mi madre.

Ya no existe un miedo, del que no quiera apropiarme, para encerrarlo en una cajita. Y erradicarlo de los ojos de los que amo.

Me gustaría ir vestida con ese trajecito color menta con peces azules y celestes, que tenía de pequeña. Y dar caza a todas las oportunidades que dejé pasar, por no soñar siempre despierta.

Me quité la venda de los ojos, y la transformé en un velo de novia, para quererme un poco más cada vez que me miro al espejo.

Ahora surco mares de nubes de algodón de azúcar. Para pisar descalza, la hierba que antes tú has pisado. Lleno de vida mis pulmones, y me vuelvo.

Una vez fui de papel, y me sobrevolaban los cuervos. Los espanté, lanzando purpurina al cielo.

2 comentarios en “Una vez fui de papel

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